Entendiendo los Animal Spirits: economía del comportamiento y neuroeconomía

Entendiendo los Animal Spirits: economía del comportamiento y neuroeconomía

Sebastián Laza @seblaza

«Espíritus animales» (en inglés Animal Spirits) es un término usado por J.M.Keynes para describir los aspectos emocionales (o poco racionales, en términos de cálculo económico) que influyen en el comportamiento económico humano y que generalmente se mide en términos de confianza del consumidor o confianza empresarial. Son las famosas «expectativas» que las consultoras en economía tratan de proyectar para entender mejor los ciclos económicos por venir.

Sostenía Keynes, en su famosa Teoría General, que «la mayor parte de nuestras decisiones de hacer algo positivo, cuyas consecuencias completas se irán presentando en muchos días por venir, sólo pueden considerarse como el resultado de los espíritus animales, un resorte espontáneo que impulsa a la acción de preferencia a la quietud, y no como consecuencia de un promedio ponderado de los beneficios cuantitativos multiplicados por las probabilidades cuantitativas».

En la actualidad, tanto la Economía Conductual como la Neuroeconomía se están ocupando de incorporar los conceptos neuropsicológicos al análisis económico, disciplina esta última bastante bombardeada por el análisis matemático durante el siglo XX, quedando bastante alejada de sus comienzos de la mano de Adam Smith y los clásicos. Uno de los objetivos principales de la Economía Conductual y la Neuroeconomía es entender mejor esos «animal spirits» de los que hablaba J.M.Keynes, claves en las decisiones de consumo e inversión, y bastante dejados de lado por los modelos economatemáticos del siglo XX.

La Economía Conductual (o del Comportamiento) es la combinación de Economía con Psicología, y principalmente se desarrolla en torno a tres cuestiones:

  • Racionalidad limitada de los seres humanos, consecuencia de las limitaciones cognitivas del hombre, que limita su capacidad para resolver problemas.
  • Voluntad limitada de los seres humanos, que se encuentra cuando los agentes económicos toman decisiones que no son acordes con sus intereses en el largo plazo.
  • Intereses limitados, por los que en ocasiones los seres humanos toman decisiones económicas en las que sacrifican sus propios beneficios en pro de ayudar a otros.

Por el otro lado, la Neuroeconomía es una moderna rama de la economía, combinación de Neurociencia, Economía y Psicología, con el objeto de analizar el cerebro de los individuos cuando evalúan decisiones y categorizan riesgos y recompensas, entre otros aspectos de la toma de decisiones. Algunas de sus ideas-fuerza son:

  • Las zonas del cerebro de la racionalidad no pueden funcionar aisladas de las zonas de regulación biológica-emocional. Los dos sistemas se comunican y afectan la conducta en forma conjunta, y consecuentemente, el comportamiento de las personas.
  • Más aún, el sistema emocional (la zona más antigua del cerebro) es la primera fuerza que actúa sobre los procesos mentales, por lo tanto determina el rumbo de las decisiones.
  • La toma de decisiones de consumo no es un proceso racional. Es decir, los clientes no examinan conscientemente los atributos de un producto o servicio para adquirirlo.
  • En la mayoría de los casos, el proceso de selección es relativamente automático y deriva de hábitos y otras fuerzas metaconscientes, entre las cuales gravitan la propia historia, la personalidad, las características neurofisiológicas y el contexto físico y social que nos rodea.

En síntesis, Neuroeconomía y Economía Conductual hoy buscan introducir en el análisis económico la verdadera racionalidad humana al tomar decisiones económicas, y no la ficticia del homo economicus hiper-racional que se ha usado tradicionalmente, por comodidad metodológica, en la teoría económica moderna. De hecho, cuando se revisa la trayectoria del desarrollo teórico de la economía, se encuentra que precisamente han sido los componentes psicológicos del comportamiento humano los que han sido más simplificados y casi extinguidos de los paradigmas dominantes en economía.

Psicología, Neuropsicología y Economía

No siempre la Psicología (hoy Neuropsicología) fue olvidada por la Economía, de hecho durante el período clásico, la economía tuvo una estrecha relación con la psicología, prueba de ellos son las obras de Adam Smith (1723-1790), Teoría de los Sentimientos Morales, texto que describe los principios psicológicos del comportamiento individual, y los textos de Jeremy Bentham (1748-1832), quien escribió ampliamente sobre la teoría de la utilidad, pero con bases psicológicas.

Desafortunadamente, el distanciamiento entre los economistas y la psicología se evidencia en el desarrollo de la Economía Neoclásica, pues el interés era configurar a la economía como una ciencia natural, con hipótesis sobre el comportamiento humano que permitieran deducir el comportamiento económico. Se desarrolla a partir de este interés, el concepto del homo economicus con una entidad psicológica racional, aunque autores como Francis Edgeworth (1845-1926), Vilfredo Pareto (1848-1923), Irving Fisher (1867-1947) y John Maynard Keynes (1883-1946), siguieron haciendo referencia en sus obras a la relevancia del componente psicológico en las decisiones económicas del hombre.

Las anomalías halladas en experimentos y observaciones de la realidad, pronto impugnaron algunas hipótesis dominantes sobre el hombre racional y la utilidad esperada. Conjuntamente, durante la década de los sesenta, la psicología cognitiva, de modo complementario a los modelos conductistas, empezaron a arrojar más luz sobre la verdadera psicología económica, de la mano de Amos Tversky y Daniel Kahneman (ambos premios nobel), entre otros varios, comenzando a innovar con modelos cognitivos de toma de decisiones bajo riesgo e incertidumbre contra los modelos económicos tradicionales de comportamiento racional.

Críticas

Los críticos de la Economía del Comportamiento, y también de la Neuroeconomía, sostienen que los resultados y las conclusiones que se sacan de los experimentos realizados en esta disciplina no son extrapolables o aplicables a situaciones reales de mercado, siendo escépticos en cuanto a las metodologías utilizadas para llevar a cabo estos experimentos y en cuanto a las conclusiones extraídas.

Sin embargo, economistas conductuales y neuroeconomistas se defienden alegando que los experimentos se han realizado en diversas situaciones y en diversos contextos y aún así, siguen presentándose las anomalías de la teoría tradicional. Asimismo, argumentan que los modelos neoclásicos a menudo fallan al predecir los resultados en contextos del mundo real, abriendo la puerta para que los avances en el campo del comportamiento y la neuroeconomía puedan ser utilizados para actualizar las incompletas ecuaciones neoclásicas.

Concluyendo

Las perspectivas conductuales y neuroeconómicas, fuertemente dinamizadas en las última décadas, han sido pensadas básicamente para dos aspectos: a) intentar actualizar las ecuaciones neoclásicas, sirviendo para proyectar correctamente algunos de los resultados en los cules los modelos tradicionales fallan,b) utilizarse activamente para mejorar el gerenciamiento de negocios, productos y grupos de trabajo en la práctica diaria, a los fines de mejorar el desempeño de las organizaciones en el mundo real. Sin lugar a dudas, ambos objetivos deberían ayudar, de lograrse, a un mundo más feliz para las próximas décadas, con políticas económicas y empresariales acordes a las verdaderas demandas neuropsicológicas de los seres humanos de carne y hueso, y no de los irreales seres que emanan de las complejas ecuaciones matemáticas que todavía gobiernan la economía teórica.

 

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